¿Me quieres? Le preguntaba…

– Sabes que sí…vida mía.

Y yo miraba sus ojos
y no hallaba la mentira.

 

…- ¿Y qué pasó niña mía?
Habla, no guardes nada en tu pecho.
Deja que sangre la herida.

– Todo acabó. Se marchó.
Yo contemplé su partida.
Y no quise escuchar a nadie
ni tan siquiera a mí misma…

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