Mi querido amigo:
Dicen que la distancia no la hacen los kilómetros sino las personas y…¿sabes? soy de la misma opinión. Recuerdo cuando nos conocimos e iniciamos esta bonita amistad que hemos ido cultivando a través de todos estos años; al principio fue fácil pues nos veíamos casi a diario, sin embargo, ahora resulta más complicado pues un día, sin previo aviso, te marchaste muy lejos de mí. ¡Cómo me dolió tu partida!…¡te echaba tanto de menos!…pero cuando existe complicidad, confianza, sinceridad, y el ingrediente más importante…”el amor”, todo se torna más fácil.
Es cierto que nos vemos en contadas ocasiones, mas también es cierto (valga la redundancia) que esas horas, esos minutos, esos instantes en que estamos juntos son muy intensos; me hace tanto bien hablar contigo, contarte mis tristezas, mis alegrías, hacerte partícipe de cuantos proyectos, circunstancias o situaciones rodean mi vida, pues siento que me escuchas, me comprendes…”soy importante para alguien y ese alguien es importante para mí”.
Mi dulce amigo y confidente… ¿te has parado a pensar la cantidad de personas que habitan en el mundo que aún estando juntos toda la vida no vivirán tan intensamente como lo hacemos tú y yo en el poco tiempo que nos vemos?
Pues sí, mi fiel amigo, en la soledad de mi habitación te escribo estas líneas para decirte que te recuerdo, te añoro y tengo la certeza de que nuestra amistad perdurará siempre a pesar de las trabas que el destino nos imponga.. Una parte de mí está en ti y viceversa, por ello, mientras uno de los dos se mantenga firme, nada ni nadie conseguirá que dejemos de ser amigos, los mejores, los que no se hacen preguntas, los que están ahí, los que no necesitan palabras para comunicarse pues tan sólo una mirada o un silencio es suficiente.
No me olvides…yo nunca lo haré.
Tu amiga

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