No crean que esto que paso a relatarles es un cuento o una historia fantasiosa imaginada por mí. No lo es…aunque ¿saben? Ojalá lo fuera. Por desgracia es una realidad tangible que he vivido y vivo muy de cerca.

    Siempre he pensado que en medicina la frase “mientras hay vida, hay esperanza” se aplicaba a todas las personas por igual, ahora mi fe en esa creencia y en los médicos que la propagan es una mera ilusión.

   ¿Qué sucede cuando es una niña inmigrante de 14 años con apenas recursos económicos la que está gravemente enferma? Me tomaré la licencia de atreverme a contestar a esta pregunta. Sucede que los médicos toman las decisiones sin contar con ella para nada. Esta inocente niña de dulce mirada necesita un trasplante para seguir viviendo, sin embargo, no se la pone en lista de espera. Quizás ustedes se pregunten por qué…pues por una sencilla razón que yo sinceramente no consigo comprender.
     “La niña ( cito textualmente ) no aguantará un trasplante porque su cuerpo está debilitado por la enfermedad”, hasta ahí, puedo entenderlo,pero…¿qué sucede con su voluntad, con sus ganas de vivir,con su afán de ser una niña normal? Parece ser que nadie tiene en cuenta esto que a pesar de mis escasos conocimientos médicos, creo que es fundamental para la curación de un enfermo. Alguien me comentó una vez que en medicina “dos y dos no tienen por qué ser cuatro”, entonces, ¿a qué ese empeño en que así sea?

      Demostrado está científicamente que la lucha por la supervivencia y el amor de las personas que te rodean pueden llegar a hacer milagros; ahí tienen el caso de la escritora Louise L. Hay que desahuciada superó un cáncer de mama basando su curación en la fe, en la esperanza, en una voluntad de hierro y en sus ganas de vivir; o si no, les invito a que lean el libro “Amor, medicina milagrosa” del autor Bernard S. Siegel; créanme si les digo que no darán crédito a lo que están leyendo.

      En ningún momento quiero que piensen que yo estoy en posesión de la verdad y que siempre podrían curarse enfermos adoptando esta actitud…ojalá fuera así pero obviamente no lo es; lo único que pretendo con este escrito es apelar a la sensibilidad de cada uno y que se nos permita tomar nuestras propias decisiones, al fin y al cabo, Dios nos da la vida pero nosotros somos quienes la vivimos…

   ¿Quién podría asegurar que esta niña no sacaría fuerzas de donde no las hay para superar con éxito ese trasplante y volver a sonreir?…

   ¿Quién sería capaz de negar esta posibilidad por mínima que sea a un ángel?…

    Yo desde luego…NO.

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