Qué nadie diga tu nombre
qué digan todos que has muerto
qué sólo el eco responda
a mi suplicante ruego.

He vagado taciturna
por los pliegues de tu cuerpo,
he buscado paz en tu tormenta
y abundancia en tu desierto,
amor en tu indiferencia
y ardor en tu transido hielo.

Nadie responde a mi queja
estoy sola con mi lamento.

Te marchaste con el alba…
yo sentí un estremecimiento
cuando rozaste mis labios
con un tibio y suave beso.

Y dejé que te marcharas
y lloré por ti en silencio
y te vi en lontananza
como un pájaro sin dueño.

Quise correr tras de ti
y revelarte mi secreto,
decirte que en mis entrañas
llevaba el fruto de nuestro encuentro.

Pero ya habías partido
a buscar lugares nuevos,
a llenar tu monótona existencia
de amores, risas y sueños.

…Adios le dije a aquel hombre
que fue en todo mi maestro
y traté de arrancar su nombre
de mis labios casi yertos.

Pero una vida crecía
en mi vientre todo trémulo,
y yo quería olvidarte
pero dentro de mí estaba tu recuerdo.

…Qué nadie diga tu nombre
que digan todos que has muerto
qué sólo el eco responda
a mi suplicante ruego.

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