Cuenta la mitología griega
que el Dios del vino Dionisios
fue encargado de enseñar a los mortales
el cultivo de la vid con total mimo.

Jumilla fue la escogida
por los dioses del Olimpo
tierra que escondes celosa
en abrazos retorcidos
racimos de sangre y oro
muestras del hacer divino.

Dulce, tinto, rosado,
de color blanco o morado,
tú deleitas los paladares,
néctar que has inspirado
a escritores y poetas,
músicos y hasta el más profano.

El vino es nuevo en cada sorbo
su elaboración es lenta,
mas cuidan tu soledad
en barricas de madera
hombres curtidos a fuego
con infinito amor y paciencia.

En esta serena noche,
noche de amigos, de fiesta,
hagamos todos un brindis
con el vino de nuestra tierra.

Brindemos porque haya paz,
porque se acaben las guerras,
porque el hombre sea libre
sin ataduras ni rejas.

Brindemos porque la envidia
en humildad se convierta,
porque los niños sonrían
y no pierdan la inocencia.

Alcemos todos la copa,
bebamos con indulgencia
pues el vino como todo
en moderada prudencia,
es bálsamo para el alma,
alivia nuestras dolencias,
alegra los corazones,
renueva ilusiones añejas.
Bibere humanum est, ergo bibamos…
Beber es humano, luego bebamos…

Por el amor.
Por Jumilla.
Por la tierra.

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