…Yo lo intento…te lo juro,
yo daría si pudiera
todo cuanto aquí poseo
por vibrar cuando te acercas.
Mas no puedo obligar al corazón
a que lata con más fuerza,
cuando pronuncias mi nombre,
o me pides que te quiera.
Sabes que siento por ti,
cariño, amistad eterna,
que soy sincera contigo,
que eres mi luz y mi fuerza.

Pero amigo…en el amor,
ni se manda ni se juega,
el destino te lo envía
cuando menos te lo esperas…

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Otoño que vas pasando
delante de mi ventana
triste otoño, fuerte viento
hojas marchitas que escapan,
¿adónde ireis ? yo pregunto
¿dónde estareis mañana?

Siento mi vida como esa hoja
que camina y no descansa
que va buscando entre sombras
una luz y una esperanza…

…Ya no puedo soportar más esta angustis,
ya no resisto el vacío que me apresa,
no me basta pensar que desde el Cielo,
velais por la hija que dejasteis en la Tierra.

No me basta contemplaros en las fotos
no quiero poneros flores…ni encenderos velas,
quiero que compartais conmigo esta vida,
no quiero esperar a esa otra que llaman vida eterna…

…No busques fuera de ti
la fuerza que llevas dentro,
ten valor, mantente erguida,
todo tendrá su momento.

No tengas prisa mi niña,
yo entiendo tu sufrimiento,
han sido demasiados golpes
para un cuerpo tan pequeño.

Sin embargo…tu interior,
es tan grande, tan inmenso,
que toda el agua del mar
podría guardarse dentro…

¿Me quieres? Le preguntaba…

– Sabes que sí…vida mía.

Y yo miraba sus ojos
y no hallaba la mentira.

 

…- ¿Y qué pasó niña mía?
Habla, no guardes nada en tu pecho.
Deja que sangre la herida.

– Todo acabó. Se marchó.
Yo contemplé su partida.
Y no quise escuchar a nadie
ni tan siquiera a mí misma…

Llueve…
del campo viene un suave olor a tierra mojada.

Tierra dura de Castilla,
el viento que se azota entre tus ramas
es como un susurro de la tierra
que viene a recordar lo bella que eres, Soria amada.

Tierra cantada por tantos y tantos poetas;
tierra por mí una y otra vez soñada
tan árida, tan fría, tan adusta,
pero a la vez tan sensible, cálida y apasionada.

Llueve…
del campo viene un suave olor a tierra mojada.

…Luna que envuelves mi alcoba
con la luz de tu mirada,
deja que en tus brazos duerma
esta noche acurrucada.

Y cuando el sueño me venza
quizás…de estar tan cansada,
ve corriendo hasta su lado
pero no le digas nada…

…Quiero embriagarme con el aroma que desprendes,
subir al Espino…rezar por ella,
dulce niña que murió en tus brazos,
bellos versos que la inmortalizaron
y que tanto leí y leí cuando era pequeña.

Yo deseaba ser Leonor…tanto la amabas
que sentía celos de una muerta.

Mi niñez transcurrió a tu lado,
yo crecí aprendiendo tus poemas;
cuando otras niñas jugaban a la comba,
yo soñaba con Castilla, con el Duero,
con la Laguna Negra…

Cuando me falten las fuerzas,
cuando mis brazos te busquen
y se cierren con tu ausencia;
no llores por mí ni pienses
que tu culpa es mi pena…
búscame en un verso perdido,
búscame en una noche serena,
búscame en el plenilunio…
en una tarde violeta,
en el azabache de tus pupilas,
en el aroma del campo,
en el sentir de la tierra…

Existe una línea tan fina,
que apenas si puedes verla,
que apenas si la adivinas.

Te quise, tú bien lo sabes,
te quise más que a mi vida,
intenté ser para ti
puerto y a la vez orilla…

…Imagino en mi mente los álamos,
te veo junto a ella tomándole la mano,
niña-mujer que tanto amaste
y que por siempre has amado.

En Soria quedó tu recuerdo…
enterrado pero no olvidado,
¿qué tenías que así inspiraste
al más grande poeta sevillano?…

…Castilla de mi niñez…
Castilla que tanto amo,
paisaje árido y yerto,
tarde gris…azul Moncayo.
Quiero perderme en tus calles,
olvidar todo lo antaño,
tibio sol, viento que soplas…
mi dulce y fiel aliado…

Es el susurro del viento,
es la tarde fría y cárdena,
es el líquido preciado
que por tus mejillas resbala.

Es la noche compartida,
un suspiro que se escapa
es dolor, es sufrimiento,
es pasión, es añoranza…

Es la distancia que une,
es la ausencia, la tardanza,
dos manos entrelazadas,
es la ilusión, la esperanza…

…Luna que envuelves mi alcoba
con la luz de tu mirada,
deja que en tus brazos duerma
esta noche acurrucada.

Y cuando el sueño me venza
quizás…de estar tan cansada,
ve corriendo hasta su lado
pero no le digas nada.

Sólo acércate en silencio
y con la voz apagada,
dile que él es mi pecado,
mi deseo y mi desgracia…

Qué quieres? … me preguntabas
mirándome con tus ojos negros.
¿Qué quiero?…¿no lo imaginas?
quiero tenerte…que seas mi dueño.

Quiero sentir tus caricias
marcadas a fuego lento,
quiero probar el agridulce
sabor que tienen tus besos…

Quiero alcanzar una estrella,
quiero poseer el Cielo,
quiero que el mar te susurre
mi nombre a cada momento…

Dicen que del amor al odio
existe una línea tan fina
que apenas si puedes verla,
que apenas si la adivinas.

Te quise, tú bien lo sabes,
te quise más que a mi vida,
intenté ser para ti
puerto y a la vez orilla.

Pero tú ya no eres tú,
ni tu mirada es la misma
y aquellas palabras dulces
sólo son viles mentiras…

Mi querido amigo:
Dicen que la distancia no la hacen los kilómetros sino las personas y…¿sabes? soy de la misma opinión. Recuerdo cuando nos conocimos e iniciamos esta bonita amistad que hemos ido cultivando a través de todos estos años; al principio fue fácil pues nos veíamos casi a diario, sin embargo, ahora resulta más complicado pues un día, sin previo aviso, te marchaste muy lejos de mí. ¡Cómo me dolió tu partida!…¡te echaba tanto de menos!…pero cuando existe complicidad, confianza, sinceridad, y el ingrediente más importante…”el amor”, todo se torna más fácil.
Es cierto que nos vemos en contadas ocasiones, mas también es cierto (valga la redundancia) que esas horas, esos minutos, esos instantes en que estamos juntos son muy intensos; me hace tanto bien hablar contigo, contarte mis tristezas, mis alegrías, hacerte partícipe de cuantos proyectos, circunstancias o situaciones rodean mi vida, pues siento que me escuchas, me comprendes…”soy importante para alguien y ese alguien es importante para mí”.
Mi dulce amigo y confidente… ¿te has parado a pensar la cantidad de personas que habitan en el mundo que aún estando juntos toda la vida no vivirán tan intensamente como lo hacemos tú y yo en el poco tiempo que nos vemos?
Pues sí, mi fiel amigo, en la soledad de mi habitación te escribo estas líneas para decirte que te recuerdo, te añoro y tengo la certeza de que nuestra amistad perdurará siempre a pesar de las trabas que el destino nos imponga.. Una parte de mí está en ti y viceversa, por ello, mientras uno de los dos se mantenga firme, nada ni nadie conseguirá que dejemos de ser amigos, los mejores, los que no se hacen preguntas, los que están ahí, los que no necesitan palabras para comunicarse pues tan sólo una mirada o un silencio es suficiente.
No me olvides…yo nunca lo haré.
Tu amiga

…Mas la dulzura de una noche
apenas duró un momento;
y las palabras de amor
se trocaron en silencios.

Huiste como quien huye
apresurado de un fuego,
y me dejaste vacía
o llena de sufrimiento…

¿Sabes qué es lo que se siente
cuando todo te da la espalda?
¿Sabes qué es vivir un sueño
que dura apenas un alba?
¿Sabes acaso lo que es
que destruyan tus ilusiones,
que no te valoren nada?

Que piensen que eres una muñeca,
un juguete al que cruel tratan,
una mujer a la que se puede
engañar con falsas palabras.

Ese es el cuadro que pintan,
esa es la imagen forjada
por personas sin sentimientos
que juzgan, condenan y matan…

Quiero ser…

Sonrisa en tu tristeza.
Ilusión en tu esperanza.
Compañía en tu soledad.

Quiero ser…

Motivo de tu paz.
Motivo de tu dicha.
Motivo de tu amor.

Me dijiste que me amabas,
que era tu orilla y tu puerto,
que era una noche tranquila
en tu tormentoso cielo.

Yo te di lo que tenía…
mi alma… mi mundo entero
y me aferré a tus palabras
y guardé bien tus secretos.

Una tarde polvorienta
de mediados de febrero
un hombre vino a mi casa
y me contó tu misterio.

“Está casado, mi niña,
está casado…y lo siento,
pues sé que te estoy clavando
un dardo con ponzoñoso veneno”.

Alguien tenía que decírtelo,
y a mí…a mí me tocó hacerlo…

Esta entelequia me devora lentamente,
esta soledad que nunca me abandona,
esta distancia que el destino nos ha impuesto,
este amor que nunca llega…que se escapa
cual pez escurridizo entre las manos
cual brisa que deambula entre las ramas…

…Fuimos cómplices, amantes
amigos y compañeros,
compartimos tantas cosas…
risas furtivas y miedos.

Nunca me importó nada,
ni las envidias ajenas,
ni las crueles palabras…
yo creía sólo en ti
tú eras toda mi esperanza.

Cuando la vida te golpea
y te deja tan marcada,
piensas que el sufrimiento no duele,
que estás a fuego forjada.

Mas no es cierto…y una lágrima
sin quererlo se te escapa
y una opresión en el pecho
te impide articular palabra…

Aquella no era la casa más bonita ni tampoco la más nueva, era más bien una vieja casona algo destartalada por el paso de los años, con paredes enmohecidas por la humedad y con gruesas vigas de madera que desempeñaban la función de techos en algunas de sus habitaciones.

No…realmente no era la mejor de las casas. Sin embargo, a mí se me antojaba hermosa, entre otras cosas porque era mía, pues allí pasé parte de mi infancia.
Describirla no es algo que me cueste trabajo hacer pues conservo viva en mi memoria su imagen igual que si la estuviese contemplando ahora mismo.

Tenía dos pisos:

En la planta baja estaban la sala de estar, el comedor, una especie de recibidor a cuyo lado se encontraba otra habitación que se suponía de invitados, seguía la cocina con su enorme chimenea donde cuando llegaban los fríos del invierno no dejaba nunca de arder algún que otro tronco; a continuación había otro cuarto que era donde dormía mi abuela y por último una especie de lavadero que comunicaba con el patio. Este no era demasiado grande, pero era acogedor sobre todo cuando apuntaban las primeras brisas de la primavera y todas las plantas que con esmero mi abuela cuidaba durante todo el año empezaban a lucir sus mejores galas de vistosos colores.

Una larga escalera de caracol separaba esta planta de la segunda, mi preferida, porque en ella se situaban los cuartos de dormir, entre ellos mi habitación.
Recuerdo todos sus rincones con verdadera devoción pues allí pasaba interminables horas jugando con mis muñecas, leyendo, que era una de mis aficiones favoritas, imaginando que yo era una princesa prisionera en la torre de un castillo y que el día menos esperado un apuesto príncipe vendría a rescatarme. Allí era también donde mi prima y yo estudiábamos y recitábamos inolvidables poemas del incomparable poeta “Antonio Machado” que poco a poco íbamos haciendo nuestros.

¡Era tan bonito soñar…!

Aquel cuarto que no tenía nada de especial, para mí era mi refugio, un lugar dónde podía dejar correr mi fantasía, dónde no había prohibiciones ni reglas, dónde podía ser yo misma. Me consideraba una niña feliz aunque a veces lloraba hasta que mis ojos se enrojecían por la ausencia de mis padres, sin embargo, mi mirada volvía a recuperar su libro cuando embelesada contemplaba el maravilloso cielo que se extendía hasta mí y que yo veía a través de las rejas del amplio ventanal que iluminaba mi habitación.
Cuando el manto negro de la noche empezaba a cubrir el firmamento y las sombras jugueteaban por entre las enjutas calles de mi pueblo; desde la ventana de mi cuarto tan sólo tenía que extender la mano para alcanzar la luna. Recuerdo que tenía interminables diálogos con ella; era como una fiel amiga que casi todas las noches me acariciaba con el brillo de su luz. Yo sentía su resplandor en mi inocente rostro recordando aquellos versos que mi tía Lola me recitaba cuando me sentaba en sus rodillas que decían…”luna lunera, cascabelera, debajo de la cama tienes la cena…” Era como una especie de ritual que yo necesitaba sentir todas las noches para poder conciliar el ansiado sueño.

Sí, realmente estaba convencida de que mi habitación poseía algo de misteriosa, de mágica. A veces, me ensimismaba en mis pensamientos intentando imaginar cómo eran las personas que muchos años antes habían ocupado la que entonces era mi casa; probablemente habían sido gentes acomodadas. Quizás en el lugar donde yo entonces jugaba, en otro tiempo también lo hicieron unos niños que poco a poco fueron envejeciendo con la vasta casona y quién sabe si sus espíritus todavía deambulan y vagan por toda la casa como no queriendo abandonar lo que un día fue su hogar.

En mi mente de niña se fraguaban miles de historias de fantasmas, de duendes, de hadas…que lejos de causarme pavor o miedo me hacían sentir importante cuando hablaba con mis amigas y les contaba no con poca imaginación que en la noche de “Todos los Santos”, en las cámaras que habían antes de llegar a mi cuarto, se oían pasos y toda clase de ruidos extraños de muchas almas en pena que vagaban por allí arrastrando con pesadas cadenas el peso de sus culpas.

Recuerdo con especial cariño la llegada de los días de Navidad cuando mi prima y yo adornábamos nuestra habitación con guirnaldas ( algunas hechas por nosotras mismas), bolas de distintos colores, un pequeño Belén que montábamos con las figuras que sobraban de hacer el grande que se colocaba en la sala de estar. Quizás a nuestro caballo del rey Baltasar le faltara una pata, o la oveja que llevaba el paciente pastor se había quedado sin cabeza, pero para mí aquel era el Belén más bonito del mundo y allí junto a él pasaba largas horas cantando villancicos o simplemente tumbada en la cama escuchando el tañer de las campanas que por estar la Iglesia tan cerca de mi casa su sonido retumbaba en mis oídos como si yo misma estuviese en el campanario.

Algunos días el olor inconfundible a cocido o “relleno” – tradicional menú de mi pueblo en los días navideños- que subía de la cocina, me hacía volver a la realidad y unos raros ruiditos en mi estómago me advertían de que la hora de comer estaba próxima. A pesar de ello permanecía el mayor tiempo posible en mi habitación escuchando el golpetear de los cacharros de cocina mezclados con las voces de mi tía y mi abuela que eran las encargadas de preparar tan suculenta comida.

¡Dios mío…! qué feliz fui en esa etapa de mi vida.

Como si de un encantamiento se tratara, cuando me hice mayor y dejé de vivir en aquella casona desvencijada, al poco tiempo se desvaneció y se llevó con ella todos los recuerdos de mi niñez, todas mis ilusiones y todas mis esperanzas.

En su lugar se construyó otra casa…con toda seguridad mucho más elegante, posiblemente mejor estructurada, con bonitos suelos y paredes protegidas de la humedad, con muebles más modernos y funcionales…
Seguramente los demás vivan y se sientan mejor en esta nueva casa pero yo ya no la siento como mía… ya no puedo alcanzar la luna desde ninguna de sus ventanas, ya no hay duendes ni espíritus que vaguen por ella, ya no es mágica ni misteriosa…pero sobre todo ya no es mi casa porque en ella ya no está mi habitación, aquel desangelado cuarto testigo mudo de mi felicidad, de mis días de alegría y de mis días de llanto, dónde se forjaron mis sueños y quimeras.

No…realmente aquella destartalada casona ya no existe en el mundo real, pero en mi corazón y en mi mente guardaré intacto su recuerdo y eso es algo imperecedero, que nunca morirá y que nunca nada ni nadie podrá arrebatarme mientras quede en mí un hálito de vida.

…El vello se me erizaba
cuando rozabas mi cuello…
tus labios se deslizaban
con dulzura, con esmero,
yo no sé lo que sentía
temblaba…como esa rosa
que acaricia suave el viento.

Mi cuerpo abierto a la vida
te buscaba con impaciencia, con miedo…

…Óyeme viento, escucha
tú que puedes volar lejos
lleva mi llanto y mi pena
allá donde está mi sueño.

Dile sin que él lo sepa
que soy yo quien te ha enviado,
que sufro su ausencia en silencio,
que mi cuerpo se marchita,
que su voz es mi tormento.

Dile que en las noches solitarias
siento su beso en mis labios
dulce miel que me envenena
muerte que vienes llamando…

…Alargo mi mano para tocar la tuya
y cuando ya la siento cerca
te desvaneces cual humo de una hoguera,
apenas te distingo entre la niebla.
¿Acaso eres fantasma, espíritu o quimera?
No lo sé…ojalá supiera
qué loco deseo hacia ti me arrastra
qué loca pasión hacia ti me lleva.
Soy consciente de que eres inalcanzable,
lo sé…lo asumo…lo acepto…
pero no pretendas
que olvide la ternura de tus ojos,
la miel y el veneno de tus labios…

…Me dicen que no me ilusione
con una caricia tuya, con un beso,
que finges cuando me abrazas,
que mientes en todo momento.
Pero …¿sabes? no me importa,
tal vez te cueste creerlo,
toda mi vida pasada
la cambio por un silencio
compartido en una noche
toda llena de misterio.

Yo no sé lo que es amar…
no sé lo que late aquí adentro…

Ya no quiero soñarte cada noche,
ya no quiero pensar en tu ribera,
ya no quiero imaginar tu campanario
donde ya habrá anidado una cigüeña.

Llegó el momento…está temprana la primavera,
hermosa tierra que despiertas a la vida
pronto pasearé por tu alameda.

Quiero embriagarme con el aroma que desprendes,
subir al Espino…rezar por ella,
dulce niña que murió en tus brazos,
bellos versos que la inmortalizaron
y que tanto leí y leí cuando era pequeña.

Yo deseaba ser Leonor…tanto la amabas
que sentía celos de una muerta…

…Recuerdas
cuando el azul era un sueño,
cuando la tarde era mañana
y la noche universo.

Aquel tiempo
cuando yo te miraba
y tú me sonreías
y el amor era nuestro.

Qué bellos momentos
cuando tus ojos me buscaban
bajo el cálido sol
y yo iba a tu encuentro.

Recuerdas
aquellos látidos nuestros,
nunca latieron mejor
unidos ambos a un tiempo.

Dulce primavera…
de frases cortas
de brisa suave
de flores nuevas…

Paseo la mirada vagamente
de un sitio para otro,
buscando en el espacio ansiosamente
un punto luminoso…
algo vivo, alegre,
capaz de volver la luz
a mis apagados ojos.

Tristes y mortecinas pupilas…
¿por qué buscais inútilmente
algo que os devuelva la vida
si la oscuridad os ha invadido eternamente?

Una luz aparta las tinieblas
y en esa luz hay un rostro sonriente,
que tantas veces habeis retratado
y con amor acariciado dulcemente.

Mis engrisecidos ojos
van tornándose de atardecer
de mar, embravecido de olas,
mis labios…

 

 

Un tibio rayo de sol
intenta calentar la tierra
¡qué fría está la mañana!
¡qué paz se respira en ella!
qué  bella tierra soriana;
los álamos, las riberas,
ese río que te baña
– río Duero por más señas –
en cuya orilla quizás
alguna enamorada tiembla.
Tu nombre Soria, he grabado
como a fuego en mi cabeza,
y en la corteza…

Bajo un cielo sin estrellas
busqué tu dulce mirada,
tú rehuías a mis ojos
que en silencio suplicaban,
la tibieza de tus labios,
el ardor de tus palabras.

Deja que sienta otra vez
tu cuerpo sobre mi espalda,
apenas si queda tiempo…
“debo de partir mañana”.

La vida me ha cobrado caro
sin haberme dado nada;
esta noche es sólo mía
deja que en ella se hagan,
realidad mis ilusiones
cierto mi cuento de hadas…

El astro rey se miraba en tu hermoso pelo negro
yo me reflejaba en tus ojos,
ojos profundos y tiernos que calmaban mis
pesares y aliviaban mis tormentos.

¿Qué es esto que yo he sentido
cuando he rozado tu cuerpo?

Mis piernas no me responden
si quiero ir a tu encuentro,
las palabras en mis labios
enmudecen al momento y me estremezco
cual hoja dorada que arrastra el viento
cuando pronuncias mi nombre…
¿Qué es esto que estoy sintiendo?
Sé que no eres para mí, mas…
ajena a este sufrimiento, está la felicidad
saber que yo no había muerto,
que puedo sentir y siento
que puedo amar en silencio
que tu presencia…

No crean que esto que paso a relatarles es un cuento o una historia fantasiosa imaginada por mí. No lo es…aunque ¿saben? Ojalá lo fuera. Por desgracia es una realidad tangible que he vivido y vivo muy de cerca.

    Siempre he pensado que en medicina la frase “mientras hay vida, hay esperanza” se aplicaba a todas las personas por igual, ahora mi fe en esa creencia y en los médicos que la propagan es una mera ilusión.

   ¿Qué sucede cuando es una niña inmigrante de 14 años con apenas recursos económicos la que está gravemente enferma? Me tomaré la licencia de atreverme a contestar a esta pregunta. Sucede que los médicos toman las decisiones sin contar con ella para nada. Esta inocente niña de dulce mirada necesita un trasplante para seguir viviendo, sin embargo, no se la pone en lista de espera. Quizás ustedes se pregunten por qué…pues por una sencilla razón que yo sinceramente no consigo comprender.
     “La niña ( cito textualmente ) no aguantará un trasplante porque su cuerpo está debilitado por la enfermedad”, hasta ahí, puedo entenderlo,pero…¿qué sucede con su voluntad, con sus ganas de vivir,con su afán de ser una niña normal? Parece ser que nadie tiene en cuenta esto que a pesar de mis escasos conocimientos médicos, creo que es fundamental para la curación de un enfermo. Alguien me comentó una vez que en medicina “dos y dos no tienen por qué ser cuatro”, entonces, ¿a qué ese empeño en que así sea?

      Demostrado está científicamente que la lucha por la supervivencia y el amor de las personas que te rodean pueden llegar a hacer milagros; ahí tienen el caso de la escritora Louise L. Hay que desahuciada superó un cáncer de mama basando su curación en la fe, en la esperanza, en una voluntad de hierro y en sus ganas de vivir; o si no, les invito a que lean el libro “Amor, medicina milagrosa” del autor Bernard S. Siegel; créanme si les digo que no darán crédito a lo que están leyendo.

      En ningún momento quiero que piensen que yo estoy en posesión de la verdad y que siempre podrían curarse enfermos adoptando esta actitud…ojalá fuera así pero obviamente no lo es; lo único que pretendo con este escrito es apelar a la sensibilidad de cada uno y que se nos permita tomar nuestras propias decisiones, al fin y al cabo, Dios nos da la vida pero nosotros somos quienes la vivimos…

   ¿Quién podría asegurar que esta niña no sacaría fuerzas de donde no las hay para superar con éxito ese trasplante y volver a sonreir?…

   ¿Quién sería capaz de negar esta posibilidad por mínima que sea a un ángel?…

    Yo desde luego…NO.

Dice el capítulo segundo de la Constitución Española, artículo catorce

referente a los derechos y libertades de los españoles, que estos son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

    Ahora bien, esto queda muy bonito así escrito pero yo me pregunto…¿por qué en la realidad no es así? Voy a tratar de explicarme y no lo voy a hacer de forma individualista sino en nombre de infinidad de mujeres que se encuentran en una situación semejante o mejor dicho, idéntica a la mía.

     Veamos señores…¿en qué parte de la Constitución Española se dice que una mujer que haya cumplido 40 años y no sobrepase los 45 no pueda acceder a un puesto de trabajo digno?… ¿Por qué en la inmensa mayoría de los empleos se especifica minuciosamente y cito textualmente …”requisito imprescindible: edad hasta 35 años o en su defecto no sobrepasar los 40”. ¿Qué sucede con las mujeres que nos encontramos en ese periodo de tiempo? ¿Acaso creen ustedes que no comemos, que no tenemos que cubrir mínimas necesidades…?

    Tal vez piensen que podemos hibernar como los osos, salvo que ellos despiertan cada primavera y nosotras deberíamos hacerlo por cinco años ininterrumpidamente.

¿Se han parado a pensar siquiera por un momento que una mujer de 40 años puede tener a su cargo una familia con todo lo que ello conlleva? Entonces…¿ a qué esa discriminación que me parece anticonstitucional? ¿qué les impide a las empresas, al sistema, contratar  para un empleo a una mujer de dicha edad?

Imagino que será cuestión de dinero pues por desgracia hoy todo gira alrededor de él…”poderoso caballero es don dinero…” decía Francisco de Quevedo y estaba en lo cierto; o tal vez hay que ser “amable” con el jefe para optar a un trabajo. De cualquier modo resulta deplorable y es una pena que se hayan perdido tantos valores, que las personas nos hayamos deshumanizado tanto, que la ambición nos ciege hasta el punto de no ser capaces de reconocer que nos estamos equivocando…y lo más triste, que no intentemos poner remedio a tantos errores como se están cometiendo en esta sociedad que vivimos.

      Pues sepan ustedes señores que las mujeres que tenemos 40 años no estamos hechas de un material diferente, somos de carne y hueso como cualquier otra persona y por encima de todo, tenemos derecho a vivir…y a hacerlo dignamente. Si se nos niega este derecho ¿cómo creen que será nuestro futuro?… ¿A quien se le culpará o responsabilizará de ello?

      Ojalá que estas preguntas no queden en el aire y algún día obtengan una respuesta convincente, no olviden que el sol cuando sale, alumbra para todos por igual…sin distinción alguna.

 

                               

 

Pude ser tuya y tu mío
pude amarte, ser tu esclava
beber sedienta en tu boca…
…y nunca sucedió nada.

Te tuve tan cerca de mí
me miraba en tu mirada
rozaban mis dedos tu piel…
…y nunca sucedió nada.

Qué nadie diga tu nombre
qué digan todos que has muerto
qué sólo el eco responda
a mi suplicante ruego.

He vagado taciturna
por los pliegues de tu cuerpo,
he buscado paz en tu tormenta
y abundancia en tu desierto,
amor en tu indiferencia
y ardor en tu transido hielo.

Nadie responde a mi queja
estoy sola con mi lamento.

Te marchaste con el alba…
yo sentí un estremecimiento
cuando rozaste mis labios
con un tibio y suave beso.

Y dejé que te marcharas
y lloré por ti en silencio
y te vi en lontananza
como un pájaro sin dueño.

Quise correr tras de ti
y revelarte mi secreto,
decirte que en mis entrañas
llevaba el fruto de nuestro encuentro.

Pero ya habías partido
a buscar lugares nuevos,
a llenar tu monótona existencia
de amores, risas y sueños.

…Adios le dije a aquel hombre
que fue en todo mi maestro
y traté de arrancar su nombre
de mis labios casi yertos.

Pero una vida crecía
en mi vientre todo trémulo,
y yo quería olvidarte
pero dentro de mí estaba tu recuerdo.

…Qué nadie diga tu nombre
que digan todos que has muerto
qué sólo el eco responda
a mi suplicante ruego.

Me han dicho que no te quiera,
que eres malo y embustero
que me vas a hacer mucho daño,
que sólo soy parte en tu juego.

Me dicen que no te abra
la puerta de mi secreto
que no pase por tu calle
ni mire tus ojos negros,
ni tiemble cuando te vea
ni sonría a tus requiebros,
ni sienta un escalofrío
si me rozas con tus dedos;
…que eres tú mala cosecha
y en la aridez de tu suelo
nada florece ni vive
todo es ponzoñoso y negro.

Tarde vienen a avisarme,
pues ya probé tu veneno
aquella tórrida tarde
grabada en mi pensamiento.

Me embriagué con tus caricias,
me emborraché con tus besos,
creí todas tus mentiras,
me aferré con fuerza a tu cuerpo.

Sólo te tuve esa tarde
ya no volvimos a vernos,
el Cielo fue mi testigo
la hierba fue nuestro lecho.

Todos vienen a decirme
que no caiga en tus redes,
que ya eres “perro viejo”;
tarde llega la advertencia,
tarde sí, mas no me arrepiento de ello,
el vacío de mi vida
lo lleno con tu recuerdo.

Mi querida madre, si pudiera pedir un deseo, pediría que esta carta llegara hasta dónde tú estás… al Cielo, porque un ángel como tú no puede encontrarse en otro lugar sino cerquita de Dios. Te echo tanto de menos, es tanta la añoranza y tan pocos y vagos los recuerdos…El destino te apartó demasiado pronto de mí; cruel sino que robaste mis mejores años.

La vida transcurre triste, taciturna…te busco en cada aurora y en cada ocaso, en mi mente guardo la imagen de tu rostro sonriente, la dulzura de tus palabras, las caricias, los abrazos que se perdieron en la nada…¡ es tanto el dolor que ya no duele!, tanta la amargura por no verte, por no poder sentir la ternura de tus besos, por no poder acurrucarme en tu regazo…porque aunque ya no sea una niña ¡te necesito tanto!

Mi único consuelo en las largas noches de tu ausencia es rezar por ti, aferrarme a tu fotografía intentando percibir tu aroma, el susurro de tu voz…pero siempre el silencio…
¡ el maldito silencio!
Silencio y soledad acompañados de una lágrima furtiva que sin querer resbala por mis enrojecidos ojos.

Sólo quiero que sepas madre, que allá dónde quiera que estés…vas conmigo, que siento tu presencia, que sé que me cuidas, me proteges y velas por mí como cuando era chiquita…la hija que dejaste en este mundo y que jamás podrá olvidarte, pues mientras se ama a una persona, su recuerdo permanece imborrable y yo te amo más que a nadie.

En las largas noches, sueño con la esperanza de que algún día cuando Dios así lo disponga volveremos a estar juntas, tal y como debió ser en esta vida terrena…y no fue.
Mientras llega ese momento, me conformaré con mirar una estrella y verte en ella, con escuchar el susurro del viento pensando que es tu voz que dice mi nombre.

Adiós madre querida…mi dulce madre…jamás olvides que te quiero, que nunca dejaré de quererte, añorarte…y que guardo celosa intacta tu imagen en mi memoria como el mayor tesoro, como el más grande regalo que me dio la vida.

Tu hija que te extraña a cada instante del día

Cuenta la mitología griega
que el Dios del vino Dionisios
fue encargado de enseñar a los mortales
el cultivo de la vid con total mimo.

Jumilla fue la escogida
por los dioses del Olimpo
tierra que escondes celosa
en abrazos retorcidos
racimos de sangre y oro
muestras del hacer divino.

Dulce, tinto, rosado,
de color blanco o morado,
tú deleitas los paladares,
néctar que has inspirado
a escritores y poetas,
músicos y hasta el más profano.

El vino es nuevo en cada sorbo
su elaboración es lenta,
mas cuidan tu soledad
en barricas de madera
hombres curtidos a fuego
con infinito amor y paciencia.

En esta serena noche,
noche de amigos, de fiesta,
hagamos todos un brindis
con el vino de nuestra tierra.

Brindemos porque haya paz,
porque se acaben las guerras,
porque el hombre sea libre
sin ataduras ni rejas.

Brindemos porque la envidia
en humildad se convierta,
porque los niños sonrían
y no pierdan la inocencia.

Alcemos todos la copa,
bebamos con indulgencia
pues el vino como todo
en moderada prudencia,
es bálsamo para el alma,
alivia nuestras dolencias,
alegra los corazones,
renueva ilusiones añejas.
Bibere humanum est, ergo bibamos…
Beber es humano, luego bebamos…

Por el amor.
Por Jumilla.
Por la tierra.

Siento tanto frío esta cárdena tarde…
madre, si pudieras acurrucarme en
tu regazo como antes…
si pudiera sentir el calor tibio de tu beso,
si pudiera recordar tu voz al menos un instante.

Madre…quiero pensar que estás conmigo
aunque no pueda verte ni tocarte,
quiero pensar que lloras con mi llanto,
que calmas con tu amor todos mis males.

Quiero seguir siendo “tu pequeña niña”…
¡Dios mío! ¿por qué te la llevaste?
¿por qué dejaste mi vida tan vacía?
¿por qué la arrancaste de mi lado?
no fue justo…Tú lo sabes…

Yo era tan sólo una niña
y ella…ella, Señor, era un ángel,
deseabas que estuviera contigo
pero quizás no pensaste…
que era lo único que yo tenía,
que la amaba más que a nadie,
por mucho amor que recibas…
…nada puede compararse al de una madre.

Si yo supiera que me amas…
¡Si tú me amaras!

Tú,
que de ti nada sé
y lo sé todo;
que te vi un instante
y eternicé tu imagen,
que te revelas a mis ojos inocente,
y a mi alma te asomas
con acento diferente.

Tú,
que fiel en mi memoria
te llevo para siempre;
que todavía me llega tu sonrisa
después de verte,
y me adentro en tu mirada
todavía…
Yo sé que sueñas
un sueño adolescente;
que tu despertar es feliz
y que tu tarde es triste.
Sólo me basta pensarte
para hallarte;
para descubrir que eres sonrisa
y adivinar que eres mirada;
que eres sin tú saberlo
lo que mi corazón reclama.

Si yo supiera que me amas…
¡Si tú me amaras!

Romperías mi noche
con tu luz
acabando en un segundo
con lo que soy;
con este tiempo vacío
donde la soledad me enreda,
donde me quema la agonía
y la tristeza me domina;
tiempo oscuro
que no quiero ni vivirlo.

Y sin embargo…
¡Si tú me amaras!

Que subí a la torre más alta
con tu sonrisa,
y llegué a la más alta estrella
con tu mirada.

¡Si tú me amaras!tu alma y mi alma
se fundirían…
igual que se funden dos llamas en el aire,
igual que se funde un verso en el misterio
igual que se funde un sueño en el amor.
Hasta la eternidad de vivir que no pretendo
si tú me amaras, desearía,
porque quisiera entrelazarte eternamente
con el querer de mi corazón,
y con mi alma susurrarte
los secretos del amor.

Y más allá…
contigo,
dejar de ser algo
para ser nada……para ser todo.

Qué ignorante pensamiento,
los días son distintos
lejos de mí
con el corazón te siento.
Pero mi alma
ve tan clara a la tuya,
que pareces querer
enamorar al viento,
esta idea mía…
este tormento.

Si yo supiera que me amas…
¡Si tú me amaras!

Que sin saberlo
ya mi pensamiento te ha querido.
Si alguna vez lo confesaras,
entonces creería en ti,
sólo en ti
cuerpo
alma
voz,
sería como sentir
sangre de amor por las venas
y palpitar incierto en el corazón.

Mi noche se llamaría Universo,
y entonces comprendería
que eres algo más que una sonrisa,
algo más que una mirada;
que eres en cuerpo y alma
el amor que yo esperaba
y la voz que a mí me habló.

Feliz…
sería la palabra más perfecta,
feliz de ser yo quien te sigue
y ser tú quien me busca,
feliz de ser nosotros.

¡Si tú me amaras!
entonces mi paz sería infinita
y caminaría contigo,
contigo siempre……
y entonces viviría… ..

En el silencio de tu ausencia
viví largos y largos años,
alimentando esperanzas,
engañándome a mí misma
para continuar respirando.

No quería darme cuenta
que sólo fui en tu regazo
una muñeca que tomas
y abandonas más tarde
porque ya estás cansado.

Juguete que cruel usabas,
y entre tretas y entre engaños
me ibas poco a poco convenciendo
de que yo era el sueño
que tú anhelabas tanto.

Mentira…todo mentira,
falsas palabras, falsos abrazos.
falsos besos y caricias
veneno que vas entrando
y en mis venas te cobijas
alimentando mi odio y mi desengaño.

Sueños de delfín, imaginando que navegas sola, ola tras ola,  acariciando las cuerdas que forman las crestas , en notas musicales se transforman cuando en espuma blanca suenan. Movimientos lentos al amanecer cuando comienzas, poco a poco en los juegos que manejas avanzas hasta llegar el anochecer,  y  te sumerges en tus sueños de delfín. Solitaria de los mares celestes, los recuerdos llenan tu existencia. Así conocí a Ana Maria, a través del anhelo de los mares que divisaban su mirada, estío cálido, ardiente.

Tan sólo un recuerdo tuyo llena mi vacía existencia, Sonaba su poema, y sonaba eres el sol que brilla en mi noche Mas y mas navegando entre las letras que formaban sus poemas.En su mente siguen sus sueños, en este libro se plasman  en palabras. Y todo se remonta a su primer mar, el que en su retina se graba. Recuerdos de su infancia, dónde escribía letra a letra,  poesías solitarias. Cada palabra con ritmo, músicas simples, melodías acompasadas  que suben y bajan, como sueños de delfín en un inmenso mar que acompaña. De repente todo se aleja, sin casi despedida, su horizonte  se vuelve de otros tonos. Viñedos y viñedos empiezan a inundar sus contemplaciones, a finales del verano hileras rectas, con frutos dorados que el sol endulza día tras día.  Todo cambió y Ana no se dio cuenta, siguió escribiendo, haciendo poemas en las noches, recordando los colores, cuando todo era distinto, un pasado que no puede olvidar. una claridad tan intensa,que ilumina con fuerza mi esperanza,que borra con su luz todas mis penas. Los poemas se van sucediendo en la soledad de las tardes, de todas las tardes del mundo, cuando aparece la  tormenta. Se reúnen en hojas sueltas, cuando todo esta escrito, el sentimiento en letras negras Alargo mi mano para tocar la tuyay cuando ya la siento cerca…………………….     Sueño del delfín,  inalcanzable, en todas las mareas te metes, nunca dejaras de estar sabes que cada nuevo amanecer renaces con la fuerza del mediodía, fuerte, fuerte, fuerte.   Soy consciente de que eres inalcanzable,lo sé…lo asumo…lo acepto…  Ana Maria siempre tendrá el sueño en sus poemas.

Fernando Pelluz 20/04/2004

AL VIENTO VOY A CONTARLE
LA PENA QUE LLEVO DENTRO
AL VIENTO QUE VA Y VUELVE……AL VIENTO

PENA NEGRA, PENA AMARGA
QUE TE CEBAS EN MI CUERPO
P
ENA QUE ME ESTÁ MATANDO
PENA QUE A NADIE LE CUENTO

MALDITO SEA…
MALDITO EL DÍA DE NUESTRO ENCUENTRO;
PORQUE CREÍ EN TUS PALABRAS
PORQUE CREÍ EN TUS BESOS
PORQUE CREÍ QUE ME AMABAS
PORQUE TE CREÍ SINCERO.

TUS OJOS YA NO TIENEN BRILLO,
TUS LABIOS YA NO SON TIERNOS
Y TU ROSTRO QUE OTRAS VECES
ERA CÁLIDO Y RISUEÑO;
HOY ES UNA MUECA FRÍA,
DURA Y LLENA DE RESENTIMIENTO.

DONDE UNA VEZ HUBO LUZ
HOY TODO ES OSCURIDAD Y SILENCIO.

A TI VIENTO QUE ME ESCUCHAS
Y TE MECES EN MI PELO
A TI QUIERO PREGUNTARTE
¿DÓNDE SE FUERON MIS SUEÑOS?
¿DÓNDE ESTÁN MIS ILUSIONES?
¿
DÓNDE MIS SENTIMIENTOS?

DIME ACASO SI LOS VISTES
D
IME POR QUÉ NADA SIENTO
¿POR QUÉ ME ESTÁ QUEMANDO EL ALMA?
¿POR QUÉ NO SE APAGA ESTE FUEGO?
LAS DUDAS SIEMPRE ME ASALTAN
¿POR QUÉ NO TENGO SOSIEGO?

VIENTO FRÍO QUE ME ENVUELVES,
LLÉVATE MI QUEJA LEJOS…
DONDE YO NO PUEDA OIRLA
ALLÁ…DONDE NO HAY REGRESO.

EN LA VIDA QUE ME QUEDE,
SI ES VIDA MORIR POR DENTRO
NO QUIERO RECORDAR SU NOMBRE,
NO QUIERO RECORDAR SU CUERPO,
NO QUIERO RECORDAR NADA,
QUIERO BORRAR SU RECUERDO;
PERO SI UN DÍA MUY LEJANO
QUIZÁS CUANDO SEAMOS YA VIEJOS,
TÚ RECONOCES EN SUS CANAS
A AQUEL HOMBRE DE MIS SUEÑOS;
QUIERO QUE TE ACERQUES VIENTO,
QUE TE ACERQUES MUY DISCRETO
Y LE SUSURRES AL OÍDO
MUY DESPACITO…MUY QUEDO,
QUE YA LO HE PERDONADO
QUE NO HAY RENCOR EN MIS VERSOS
Y QUE GUARDO EN MI MEMORIA
ALGUNOS BELLOS MOMENTOS.

Bajo un cielo sin estrellas
busqué tu dulce mirada,
tú rehuías a mis ojos
que en silencio suplicaban,
la tibieza de tus labios,
el ardor de tus palabras.

Deja que sienta otra vez
tu cuerpo sobre mi espalda,
apenas si queda tiempo…
“debo de partir mañana”.

La vida me ha cobrado caro
sin haberme dado nada;
esta noche es sólo mía
deja que en ella se hagan,
realidad mis ilusiones
cierto mi cuento de hadas.

¿No ves que me aferro a ti
como la ola a la playa?
¿Qué pretendes que comprenda?
¿Por qué no me dices nada?

Tu mutismo se ha clavado
como un cuchillo en mi espalda.
No respondes a mis besos,
tu indiferencia me extraña,
dices que es por mi bien,
¿con qué derecho me mandas?

Mi noche inolvidable…
¡qué noche tan desdichada!

Has dejado que me marche
sin decirme que me amabas.

Te odiaré por lo que hiciste,
te odiaré con toda el alma,
pero en mis manos vacías
o llenas de tanta nada,
aún brilla con luz muy tenue
una pequeña esperanza.

Afuera en la calle, el incesante ruido de un compresor que taladraba sin descanso la ya gastada acera se clavaba en mis sienes golpeándolas con igual furia; no podía concentrarme, no podía pensar, pero quizás utilizaba todo este alboroto para no tener que hacerlo. Hacía unas semanas que no me sentía muy bien, había guardado cama, lo que era bastante inusual en mí; me sentía agotada, sin fuerzas…eran demasiados problemas los que se debatían en mi mente, importante decisiones que tomar, personas a las que haría daño sin querer…¡Dios mío! Cuándo dejaré de sentirme culpable por todo; pero lo más terrible, lo que más me asustaba era la soledad…sí…esa fiel compañera a la que nunca terminas de acostumbrarte, sin embargo, era la única amiga que tenía.

Aquel estaba siendo un invierno crudo, un fuerte viento azotaba las muertas ramas de los árboles; aquí dentro, lo niños jugaban abrigados por el calor de la chimenea encendida…mas yo sentía frío. Mi cuerpo se estremeció como si una ráfaga de aire helado hubiese penetrado por algún lugar de la estancia, traté en vano de entrar en calor acercándome más al fuego y de nuevo me sumí en mis propios pensamientos.

Amor de nadie…sí…creo que así me podría definir, eso es lo que soy… una mujer que ha pasado la mayor parte de su vida buscando amor.

Yo me sentía tan diferente de las demás mujeres, sus conversaciones me resultaban aburridas, tediosas, me hastiaban hasta tal punto que ya había quien me llamaba “antisocial” y en realidad era cierto; por más que lo intentaba no conseguía llenar ese vacío que habitaba en mi interior…¿cómo podría poner un destello de luz en mi mirada o dibujar un esbozo de sonrisa en mi lívido rostro?…lo cierto era que cada día me encontraba peor, ningún medicamento surtía efecto, nada conseguía sacarme de la melancolía que me embargaba. No era mi cuerpo, sino mi alma la que estaba enferma, por eso no quería tomar más pastillas que sólo conseguían ofuscar mi mente.

De pronto, como empujada por un invisible impulso me puse el abrigo y salí a la calle sin importarme el frío que convertido en gélida brisa rozaba mi pálido rostro. Caminé largo tiempo hasta que comenzó tímidamente a llover.

A pesar de ello, esperé paciente el autobús y subí a él.

Sentada en un destartalado asiento marchaba sin rumbo fijo con la mirada perdida en el vacío; uno tras otro los pensamientos se agolpaban en mi mente, yo trataba de ordenarlos pero era inútil, no podía…me sentía tan ofuscada, tan cansada de luchar que apenas si tenía fuerzas siquiera para desviar la mirada.

Había cometido muchos errores en mi vida, quizás demasiados y…¿ qué había hecho al respecto?… Nada, tan sólo amargarme, convertirme en una mujer fría, apenas sin sentimientos, alguien que buscaba algo en qué agarrarse, algo, qué pudiera sostener mi pesada carga, en definitiva…algo que me hiciera ver que estaba viva, que en mi interior no habitaba sólo sombras, qué era capaz de dar amor, ternura, comprensión, respeto y que estaba dispuesta a recibir todo eso en igual medida. Sin embargo, era una mujer infeliz, atormentada, marcada por un pasado que no logro despegar de mí; necesito que me amen, saber que hay alguien que me quiere, que se preocupa por mí, que no siente lástima ni piedad sino un amor puro y limpio, desinteresado, tener un hombro dónde poder llorar cuando lo necesite, alguien que me ayude en los momentos difíciles, que llene el vacío de mis noches pero…lo que estoy pidiendo es un imposible, un cuento de hadas, algo que nunca va a suceder.

De manera brusca, el autobús frenó. Era la última parada y tenía que apearme. Me encontré en la calle. Sin saber muy bien adonde dirigir mis pasos, comencé a caminar lentamente hasta que noté una mirada fija en mí. Me volví bruscamente y allí estabas tú.

Eras tú de verdad, no un espejismo, pestañeé varias veces con la intención de borrar esa imagen que tantas veces había creído ver y que siempre se desvanecía, pero esta vez no ocurría nada. Sentí como mi cuerpo temblaba, no precisamente por el frío y en un susurro pronuncié tu nombre…Juan Carlos…el hombre que durante trece años había guardado en mi memoria, el hombre de quien yo me enamoré siendo tan sólo una niña, el hombre que todavía no había conseguido olvidar. Sí…aquel fue un maravilloso verano, el mejor de toda mi vida.

Nuestras miradas se cruzaron, sin apenas hablar, nuestros labios se rozaron en un cálido y tierno beso que hizo estremecer todo mi ser; no comprendía nada.

¿Qué hacía él aquí? Por un instante pensé que la vida quería hacerme un hermoso regalo después de tantos sufrimientos. Sí…eso sería, en cierto modo me lo debía, ahora entre sus brazos me sentía como en el cielo y eso era más que suficiente para mí.

Caminamos cogidos de la mano durante largo tiempo; el silencio que compartíamos

expresaba todo lo que sentíamos en ese momento…¿sería posible que fuera a ser feliz por fin?

Apenas sin darme cuenta me encontré con él en aquella pequeña pero acogedora habitación, todo mi ser temblaba como una flor tiembla cuando el viento la roza, mis manos sólo acertaban a acariciar su espalda desnuda; dulcemente Juan Carlos consiguió que me tranquilizara y me abandoné a un mundo totalmente desconocido para mí.

No sé el tiempo que permanecimos allí porque perdí la noción de este.

Me embriagué de un cúmulo de sensaciones nunca experimentadas por mí, sí realmente existía un edén yo estaba con total seguridad en él; por primera vez me sentía una mujer amada, deseada, me había encontrado de lleno con el amor.

De pronto, sentí que alguien me zarandeaba…

_¡Señora despierte, ya hemos llegado! El autobús se detiene aquí y tiene que apearse.

Abrí lentamente los ojos sin saber muy bien adonde me encontraba ni qué era lo que estaba sucediendo. Todavía aturdida, comencé a darme cuenta de la realidad… todo había sido un sueño, un maravilloso e inolvidable sueño fruto de mi calenturienta mente, mi imaginación había vuelto a jugarme una mala pasada; noté cómo las lágrimas inundaban mis ojos, la vista se me tornó borrosa, turbia y entonces comprendí que nada iba a cambiar para mí. Volvería a ser la misma de antes, retornaría a mi vida monótona,

absurda, vacía y triste… sin embargo, una luz brillaba en mi interior. Había conocido el amor, tan sólo un instante, tan sólo en un sueño, pero era algo que nunca pensé que sucedería, era algo que me pertenecía por completo, que nada ni nadie me arrebataría nunca. Estos pensamientos me hacían sentir bien.

Probablemente cuando llegara a casa nadie notaría nada raro en mí a no ser por un nuevo y extraño brillo en mis oscuros ojos.

Amanecía. Era una fresca mañana de mediados de septiembre. Jumilla, la tierra del buen vino comenzaba a desperezarse de tan plácida noche. Un plomizo cielo amenazaba con abrirse dejando caer el preciado líquido que tan necesario era y es para los campos.Los racimos de uva dormitaban todavía en las polvorientas cepas, finas gotas de rocío hacían que a lo lejos brillaran como pequeños diamantes.     Desde la vieja casona contemplaba todas las mañanas el pintoresco paisaje que se extendía hasta donde mi mirada podía alcanzar. Retorcidos sarmientos guardaban celosamente los violáceos frutos paridos por la tierra jumillana no con pocos esfuerzos; era como si presintieran que pronto comenzaría la vendimia, que pronto, hombres, mujeres e incluso niños abordarían   el rito de arrancar uno a uno los morados racimos repletos del néctar de los dioses, todos ellos ataviados con ropa de faena y grandes sombreros de paja con el fin de resguardarse del incipiente sol de otoño que aún poseía por algunos días ( el veranico de San Miguel ) toda la fuerza acumulada durante el tórrido verano.    Pero hoy no. Hoy no sucedería nada pues el cárdeno cielo se había decidido a regalarnos una fina lluvia que ya comenzaba a caer con sumo mimo sobre los campos de Jumilla; me sentía feliz, un día más, las uvas quedaban protegidas al amparo de enredadas cepas cual madres que acogen con ternura a sus hijos.      ¡Qué triste quedará la tierra cuando la mano del hombre haga su aparición! Sin embargo, es ley de vida. Año tras año se sucede este ritual que conlleva un proceso iniciado con la mencionada vendimia, seguido por otro de elaboración, cuidado, reposo en ocres barricas, donde el zumo de la uva es tratado con esmero sin reparar en atenciones o gastos que por supuesto se derivan de todo este ceremonial. No es de extrañar que Jumilla destaque y luzca con sus mejores galas a nivel mundial unos excelentes caldos dignos del mismo dios Baco, distinción que le ha valido a nuestra tierra el reconocimiento unánime de todos aquellos que han tenido el privilegio de probar nuestros vinos.       Un atisbo de felicidad brota desde lo más profundo de mi corazón cuando vienen a mi mente los versos que leí en un tiempo ya lejano de alguien que parecía querer estar en el anonimato…         “El vino, no sólo hay que beberlo,        al vino, hay que amarlo,        como a un amigo,        como a un hijo,        como a un hermano,        como a un amante”…              La tristeza que me embargaba desaparece por completo porque sé que los jumillanos amamos así, con esta fuerza y esta pasión a nuestra tierra y a todo lo que generosamente ella nos ofrece y regala.       Decía José Ortega y Gasset que “el vino, da brillantez a las campiñas, exalta los corazones, enciende las pupilas y enseña a los pies la danza”.Sin duda alguna, este gran pensador de fama universal debió de probar los vinos de Jumilla a juzgar por tan excelsa descripción; vuelvo a contemplar el inmenso campo plagado de valientes cepas que se extiende ante mis ojos y puedo observar la luz, esa flagrante luz que nunca se desvanecerá en lasviñas jumillanas.